El científico y las pulgas
Un científico tenía dos frascos grandes frente a él sobre la mesa del laboratorio. El frasco de la
izquierda contenía 100 pulgas, en tanto que el frasco de la derecha estaba vacío. El científico
sacó con cuidado una pulga del frasco de la izquierda, la colocó sobre la mesa en medio de los
dos frascos, dio un paso hacia atrás, y con voz fuerte dijo “salta”. La pulga saltó y luego la colocó
en el frasco de la derecha. El científico sacó entonces cuidadosamente una segunda pulga del
frasco de la izquierda y la colocó sobre la mesa entre los dos frascos.
De nuevo dio un paso hacia atrás y, con voz fuerte, dijo “salta”. La pulga saltó y fue colocada en
el frasco de la derecha. El científico trató del mismo modo a cada una de las 100 pulgas del
frasco de la izquierda y cada pulga saltó como se le ordenó.
Aplicó la misma mecánica nuevamente con las pulgas de la derecha, únicamente con un cambio.
El científico sacó una pulga del frasco de la derecha, le arrancó las patas traseras, y colocó la
pulga sobre la mesa, dio un paso hacia atrás y dijo con voz fuerte “salta”. La pulga no saltó y fue
colocada en el frasco de la izquierda. El científico hizo lo mismo con las 100 pulgas y ninguna
de ellas saltó cuando se les ordenó, por lo que el científico llegó a la siguiente conclusión:
Cuando se arrancan las patas traseras a una pulga, se vuelve sorda.
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